Jorge Vega "Veguita": “Lima me fascina porque está llena de cojudos”


El célebre librero y también periodista Jorge Vega ‘Veguita’ falleció hoy (27-Ene-2013). Padecía de un cáncer al ojo, y su salud en sus últimos día estuvo frágil. Poseyó una colección de más de 5.000 libros, y recomendó y asesoró en materia bibliográfica a distintos intelectuales, como a Raúl Porras y Pablo Macera.
Trabajó catalogando en la Hemeroteca Nacional e incluso donó una colección de libros propia. Su gusto por la lectura fue lo que empezó su tránsito por las Letras, como etapa previa al periodismo.
A continuación te dejamos la entrevista que le realizaron a quien también fue conocido como ‘Sobaco ilustrado’, y que fue difundida en el blog Nosotros matamos menos:
-Has formado y vendido varias bibliotecas sobre Lima. ¿Cuándo nace tu fascinación por esta ciudad?
-En el año 1935. Cuando nací.
-¿Qué es lo que más te atrae de tanta fealdad?
-La cantidad de cojudos que produce. Gracias a ello, uno puede vivir alegremente.
-Siempre estás soltando frases.
-Me fascina Wilde. Es uno de los grandes. Pero para mí el primero es el Marqués de La Rochefoucauld. Es una maravilla. Voltaire dijo que si alguien había ayudado a formar el espíritu francés ese había sido Rochefoucauld. Escucha: “no hay mujer honrada que en el fondo no envidie a la que no lo es”. Otra: “La vejez es un villano que bajo pena de muerte nos impide los excesos de la juventud”. Me gusta su capacidad reflexiva, irónica y su perversidad verbal.
-¿Te consideras perverso?
-Solo en la medida que me lo permiten. A mucha gente le encanta mantener relaciones sadomasoquistas.
-¿Qué otro autor te interesa?
-Bernard Shaw. Una vez una actriz bellísima le dijo: “me encantaría tener un hijo con usted para que tenga mi belleza y su inteligencia”. A lo que Shaw respondió: “¿y si sale al revés?”. Churchill también era increíble. En el parlamento una mujer se pone de pie y le dice: “si usted fuera mi marido yo le daría veneno en el desayuno”. Churchill le responde: “señora, si usted fuera mi esposa yo no dudaría en tomármelo”.
- ¿Y en el Perú quién? ¿Valdelomar?
-Fue un genio: “no es lo mismo un griego desnudo que un cholo calato”. Lamentablemente murió joven. El más grande fraseólogo que tenemos aquí es Julio Ramón Ribeyro. Yo lo admiro en esa faceta porque como cuentista me parece malo y como novelista pésimo. En sus “Diarios” y en “Los dichos de Luder” recoge la vieja escuela francesa. Ribeyro soñó con ser un escritor y termino siendo un fraseólogo.
-Estás desplumando a los gallinazos.
- En un país que no tiene cuentistas, cualquiera vale. Es un cuento que escribía cuentos.
-¿Qué características debe tener un gran relato?
- El encanto del idioma. Ribeyro no tenía belleza verbal.
-¿Y la novela?
-Abarca infinidad de posibilidades. No es lo mismo “El Proceso” que “El Quijote” pero las dos son dos grandes novelas. Una gran definición es la de Cervantes cuando habla del Tirante el Blanco: “dádmela acá compadre que creo haber hallado en ella una mina de contentos y un tesoro de pasatiempos”.
-¿Qué opinas de Vargas Llosa?
-Es un buen obrero. Jamás llegará a ser arquitecto. Creo que compran sus libros más por fama y costumbre que por la necesidad de leerlo. Sin embargo, hay que decir que es magnífico como ensayista.
-¿Existe algún buen novelista peruano?
-Lo están por parir. Espero que lo hagan pronto. Pero no debo hablar mal de los escritores peruanos porque yo he logrado lo que ellos no: vivir de sus libros.
-¿Poesía?
-Me interesan Martín Adán, Vallejo, Eguren. La gran cantidad de hojarasca permite el abono para que crezcan grandes plantas. La poesía es una mujer lenta. Muchos corren tras ella para alcanzarla. Son muy pocos.
-¿Varela?
Tiene un manejo muy severo del idioma y lo hace con gran maestría.
-¿Eielson?
-Menor, me parece.
-¿Antonio Cisneros?
-Un gran cocinero.
-¿Fernando Ampuero?
-Es un gran amigo mío. He preferido quedarme con su amistad y no con sus libros.
-¿Hay algún escritor peruano que te guste?
-Héctor Velarde. Tiene un humor filosófico increíble. Además fue un gran arquitecto. Con ciertas maldades, por cierto. La clase media ascendente, que había amasado fortunas, le mandó a hacer grandes mansiones en San Isidro. Velarde les preguntaba: ¿quieren que les ponga un escudo nobiliario? Sí, claro, le respondían. Y él les ponía un escudo de bastardía.
-¿Ese clasismo para arriba y para abajo sigue vigente?
-Lima siempre fue clasista y racista. Yo me acuerdo que la música folclórica solo se podía tocar en El Agustino, detrás del Hospital Bravo Chico. Después se trasladó a 28 de julio, después a la Avenida Colonial. De pronto los fabricantes de discos descubrieron que era lo que más se vendía. Vieron el gran negocio. Y todo lo que es plata implica el abandono de algunos viejos preceptos morales.
-¿Eres racista?
-Yo soy limeño. Me educaron bajo ciertos lineamientos racistas y con los años fui comprendiendo que eran estupideces. El ser humano vale por su valor en sí.
-¿Y ese valor en sí cómo se mide?
-A través del trato, del diálogo, del comportamiento. De las aptitudes y de la honestidad.
-¿Cómo te valoras a ti mismo?
-Si lo hiciera, no me hablaría.
-¿El humor es una defensa?
-Sí. Y defensa es lo que le falta a la selección.
-¿Te gusta el fútbol, vas al Estadio?
-No, no, no. Yo fui periodista deportivo y comprendí muy temprano que los clubs son solo empresas comerciales que explotan una cantidad de jóvenes durante un tiempo y cuando les dejan de servir los botan a la basura. Los hacen firmar un contrato y luego los someten. Y nadie lucha por el derecho del futbolista como ser individual. La ignorancia de nuestros derechos nos hace cada vez más esclavos.
-¿Por defender tus derechos abandonaste el trabajo?
-Uno de los errores más bellos de mi vida fue ser periodista. No era una carrera para mí. No me gustan los horarios. Quien es dueño de su libertad y la ama no puede tener un horario. Detesto tener un trabajo.
-¿Por qué?
-Por principios éticos. Un hombre no debe trabajar. La vida debe ser una diversión y una alegría. El trabajo te comprime y te limita. “Cómo será de malo el trabajo que te pagan por hacerlo”. Otra: “Me encanta el trabajo. Pasaría horas de horas viendo cómo lo hacen”. Cuando fui periodista tenía la concha de escribir una carilla al día y que me pagaran por ella. Con el carnet me divertía todas las noches.
-¿Por qué se ha perdido esa afición por los burdeles?
-En Lima faltaban los locales sociales y el burdel cubría ese espacio. No era una comida al paso, como ahora. No tenías necesidad de estar con una mujer. Ibas a conversar con amigos, tomabas, llamabas a una mujer, le invitabas algo, bailabas un rato con ella y si querías llegar a un acuerdo, lo hacías.
-¿Era hambre de conversación?
-Y de buen licor.
-¿Cuál es tu trago?
-Ha sido durante años el Sol y Sombra. Porque era la manera elegante y casi casta de tomar. Además era la ruptura contra el racismo. La guinda morena y el pisco blanco.
-¿Por qué te gustan las morenas?
-Lo explica El Cantar de los Cantares: la Sulamita era morena porque el sol la había mirado. Es el mejor piropo que hay en la Biblia. Siempre me han fascinado: dadme una negra y levantaré el mundo –dice levantando su puño.
-¿Por algo más?
-Tienen un gran talento para hacer la vida agradable. Pueden convertir todo en una sonrisa y en una fiesta.
-¿El mar, La Herradura?
-Era una catarsis. Una manera de botar los excesos tóxicos.
-¿Alguna vez te has drogado?
-Nunca. Todo lo que te puede dar lo tienes dentro, en tu imaginación
-¿Cuál era tu rutina en la playa?
-Fulbito, paletas, carreras, natación. He cometido la torpeza de salvar algunas vidas. Me arrepiento.
-¿Qué opinas de La Herradura ahora?
-Ha padecido el gobierno de alcaldes sin ninguna inteligencia y con viles intereses. Fue la mejor playa de Lima. Nace el 17 de octubre 1907, cuando se inaugura el tranvía que ingresa a La Herradura. Que era el único ingreso porque no tenía pista. La primera pista la comienza a hacer Leguía y la termina Benavides. La compañía de tranvías duró un año porque quebró. Pero el ingreso quedó para carros y personas.
-¿Cómo ejercitas la memoria?
-No lo hago. Es natural. Lo que estoy padeciendo en estos momentos es una especie del Alzheimer: me olvido de lo que debo.
-¿Has escrito poemas?
-Algunos versos escritos con rigor castellano. A la vieja usanza de mis maestros: Góngora, Quevedo y Lope.
-¿Qué te ha dado la lectura?
-Ciertas justificaciones de la vida. Me ha permitido conocer mejor la mediocridad de la gente y la mía propia.
-Siempre juegas con la mariconería de los demás. ¿Alguna vez te has acostado con un hombre?
-No. Jamás. Aunque tengo una frase: me gustan los hombres porque son más estrechos, no salen embarazados y encima dan plata.
- ¿Por qué ya no visitas las redacciones con tu arsenal de libros?
-Bueno, en principio voy a enjuiciar a la astrología. Me habían dicho que era sagitario y ahora resulta que estoy bajo el signo de cáncer.
-¿Hace cuánto estás en tratamiento?
-Lo han descubierto hace poco en mi ojo derecho. Estoy pasando diversos exámenes en Neoplásicas para ver cuándo me operan.
-Quiénes te quieren ayudar, ¿qué pueden hacer?
-Regalarme un ojo.
-¿Tienes un teléfono que se pueda hacer público?
-El 4726433. Algunos me ayudarán y otros me mentarán la madre. Pero todo será aceptado con buen corazón. (Juan Carlos Méndez)

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