Máncora

Persigo una gaviota bajo el campo del olvido
Bajo un Sol rojo indio
Entre las nubes más blancas y los algarrobos más tercos que he visto
Retorna a su dueño
Y lleva el alma encarnada de una fiera domada
Que se resignó a vivir errando de caleta en caleta
En todas las tardes nacidas del poeta y de su sueño
Persiguiendo su sombra y dibujando a su vuelo sus pasos
Porque ella es su única compañera, compañera sin rostro
El Señor de las Gaviotas la reclama
Pero nunca llegará
Por que ella ya pertenece a la tierra y al mar y a la vida
Vive en el futuro, así no morirá nunca.

Norvic - Verano 2003

bauhaus77@hotmail.com

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